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TEPETOTOTL,Un día del niño en un contexto rural

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Por Fernando Hernández Flores

La sociedad de padres de familia y los maestros se reunían y preparaban desde varios días con anticipación, para el festejo del día del niño. Unos eran los encargados de comprar los dulces y las piñatas, otros se iban al mercado por unas sandías, melones y piñas para preparar las aguas, en unas ollas grandes de plástico y de peltre.

Unas señoras tratarían de llevar pollo fresco, bien picado y distribuido para que entre varias mujeres elaboraran los tamales, al estilo misanteco, acompañados con algunos kilos de masa, manteca y los condimentos que se les agrega. Las pailas de tamales para más de cien niños liberan el olor al estar hirviéndolos con leña cortada de árboles de chalahuite, naranjo, café y sangregado. Desde el día 29 están los preparativos, armando los paquetes para los pequeños.

A las ocho de la mañana van llegando a la escuela las niñas y los niños, llevan consigo su plato y su vaso, ya que sus profesores les dijeron que no se iba a comprar nada desechable. Al tocar el timbre, corren a formarse y la directora comienza a dar las instrucciones.

Los pequeños van a caminar un poco para que les realicen el festival del niño en la una finca que se encuentra rodeada de árboles mangos y un bello pasto de alfombra, por donde hay una que otra hamaca y columpio. Hay un pequeño espacio de terracería para que jueguen canicas, otro para que jueguen pelota, en uno más se improvisó y colgaron una red para jugar volibol.

Los infantes van emocionados a ese terreno. Unos padres de familia llevan tres tablas de cedro y unos troncos, con ellos elaboran unos titiribacos. La niñez disfruta de ese gran día, unos se divierten de una manera, mientras los demás lo hacen de forma distinta. Se realizan carreras y se entregan premios. Los mejor atendidos en el día son los pequeñines. Los hermanos mayores se forman con los más chicos para que les repartan la comida y sus deliciosas aguas.

No es un día de revisar libros, de mirar el pizarrón, de escribir y escribir en el cuaderno. No es día de presentar examen, de revisar tareas, de llamarles la atención porque no le echan ganas a las matemáticas, español o ciencias naturales. Es el día de convivir con la naturaleza, con el campo y disfrutar de ésos instantes.

Unos niños llevan su trompo, su yoyo, su cuerda para brincar y una manguera que utilizan para el juego del ula ula. Los niños de ayer, los de hoy y los de mañana merecen vivir de manera armónica y en paz. Se requiere difundir más valores, retomando temas de ética, moral, respeto, reconocimiento del otro y los demás. Todos nos necesitamos y no debemos seguir inculcando la cultura del individualismo, del egoísmo, del yoísmo.

Queremos un estado y país libre de violencia e inseguridad. Veracruz y México son de los pequeños. ¡Cuidémoslos y permitámosles crecer sanamente! ¡Muchas felicidades a todos los niños!