7 marzo, 2021

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Nueva Era

Lopez Obrador sigue trabajando para superar el escepticismo de los empresarios

31 de dic. (Bloomberg) — En los últimos meses, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho alarde de su cercanía con personas que para muchos conformaban lo que él llamó durante su campaña electoral la “mafia del poder”.

Compartió, por ejemplo, con Carlos Slim, el hombre de negocios más acaudalado del país, el escenario durante una conferencia de prensa. Estuvo además flanqueado por los líderes de los dos grupos empresariales más grandes del país cuando declaró que el sector privado era crucial para el crecimiento del país.

Tuiteó también una foto en la que estaba con el director ejecutivo de Eni, la empresa petrolera y de energía italiana, que realiza trabajos de perforación petrolera en el estado de Tabasco. La publicación de la imagen inncluso intrigó a muchos inversionistas y analistas, quienes intentaron descifrar el encuentro, generando especulación de que con el el presidente podría quizás en breve retomar las subastas de campos petroleros para compañías petroleras privadas, nacionales o extranjeras, a fin de detonar nuevas inversiones millonarias en ese sector.

Todo fue aparentemente una ilusión.

López Obrador ha extendido en repetidas ocasiones una rama de olivo hacia la comunidad empresarial, pero no ha hecho lo que para ellos es crucial: adoptar políticas públicas más amigables con los negocios.

Los inversionistas, por lo tanto, siguen teniendo dudas sobre las políticas económicas de López Obrador, a medida que entra ya a su segundo año en el gobierno en medio además de gran incertidumbre por los violentos crímenes que siguen aquejando al país y las brutales guerras territoriales entre los cárteles de las drogas que han dejado un número récord de homicidios este año.

La economía mexicana está además estancada y las previsiones para 2020 no son muy alentadoras.

Ernesto Revilla, economista en jefe para Latinoamérica con Citigroup y ex economista en jefe de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del gobierno mexicano en la administración anterior, espera que la economía mexicana sólo crezca 1% el próximo año, algo que de materializarse constituiría el segundo peor desempeño desde 2009.

¿Lo peor? Este año

“Para tener una perspectiva y un escenario más positivos en el futuro, necesitaría haber un cambio dramático en el sentimiento de los inversionistas” propiciado por el gobierno, dijo Revilla. “La mayoría del sector privado en México sigue siendo escéptico”.

Antes de su elección, en julio de 2018, López Obrador provocó ansiedad entre la élite corporativa, principalmente al calificar a las grandes empresas como “traficantes de influencia”.

Desde su inauguración, en diciembre del año pasado, el presidente ha hecho poco para calmar esos nervios.

Dos eventos que incluso los exacerbaron fueron su decisión de hundir un nuevo aeropuerto, con un costo estimado de 13 mil millones de dólares para la capital del país, que había comenzado a construir el gobierno anterior y que llevaba entre 20 y 30% de avance; y la presión a compañías constructoras de infraestructura energética de sentarse a negociar los contratos para edificar gasoductos, que habían firmado tiempo atrás con la empresa eléctrica estatal Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Luego está también la moratoria a las subastas de campos petroleros. El presidente Enrique Peña Nieto abrió el sector energético a los capitales privados –nacionales y extranjeros– a fin de inyectarle nueva vida a una industria crucial para el país, pero que agonizaba ante malos manejos y poca inversión.

La producción petrolera del país ha estado, por ejemplo, cayendo prácticamente de forma ininterrumpida durante 15 años, además de que la empresa petrolera estatal, Petróleos Mexicanos, es la compañía más endeudada del mundo dentro de esa industria.

“Renovar las rondas petroleras sería una noticia muy positiva que generaría confianza”, dijo Gustavo de Hoyos, director de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), una asociación empresarial que representa a 36 mil compañías en México, y un crítico frecuente del presidente. “No tengo ninguna indicación de que vaya a suceder”.

Una de las razones por las que López Obrador puede mostrarse reacio a cambiar el rumbo de las subastas es el miedo a molestar al ala izquierdista del movimiento que lo llevó a la presidencia, aunque también, para otros, el mandatario ha tomado esa decisión porque cree firmemente en un sector energético controlado por el Estado, ya que es ideológicamente escéptico de que la participación privada en esa industria pueda ser benéfica para el país.

De ahí que haya elegido como secretaria de Energía, a Rocío Nahle, una férrea defensora del papel crucial e histórico del Estado mexicano en la producción de crudo.

Claro que no todo son malas noticias sobre el devenir económico de México. La inflación está cerca del objetivo de 3% del banco central, menos de la mitad de lo que era hace dos años; mientras que el gobierno encabezado por López Obrador muy probablemente registrará otro superávit presupuestario primario en sus finanzas públicas este y el próximo año.

Incluso, las multinacionales que han operado en México durante décadas no han abandonado el país con la llega de López Obrador. Al contrario, la inversión extranjera directa creció 7.8% en los primeros tres trimestres del año, de acuerdo a la Secretaría de Economía.

Además, el reemplazo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el también conocido como T-MEC, podría entrar en vigor el próximo año, lo que a su vez podría desatar más inversiones al país.

Claro que, por otro lado, la inversión fija bruta, o la inversión que realizan empresas mexicanas en el país, ha caído un promedio de 5% mensual respecto al año anterior durante el primer año de gobierno de López Obrador.

Las compañías nacionales simplemente no confían en que la administración actual respetará el Estado de derecho, de acuerdo con seis entrevistas a ejecutivos que se negaron a ser identificados por temor a represalias.

Esa es una preocupación infundada, dijo Jesús Ramírez, vocero de López Obrador.

“Es un gobierno para todos, tanto el sector público como el sector privado”, dijo. Los dos “tienen que ponerse de acuerdo sobre estrategias comunes para apuntalar la economía, para que haya crecimiento económico y que haya empleos”.

López Obrador se ha comprometido en llevar el crecimiento económico del país a una tasa de 4%, mientras que planea que haya una inversión en infraestructura de 44 mil millones de dólares a fin de ayudar a llegar a ese ritmo de avance, aunque la mayor parte de ese gasto en capital provendrá del sector privado.

“La participación del sector privado en el crecimiento del país es necesaria”, dijo el mandatario cuando presentó el plan de inversión en infraestructura, que incluye proyectos carreteros, ferroviarios, portuarios, aeroportuarios y de telecomunicaciones.

Ese podría ser “un catalizador para el desarrollo económico”, dijo Slim, quien participa en distintas industrias como minería, producción de bienes de consumo, construcción y emprendimientos inmobiliarios, en la conferencia.

Los analistas, sin embargo, se quejaron tras conocer el plan de infraestructura de que las autoridades no revelaron detalles del mismo. Incluso el principal indicador de referencia de la Bolsa Mexicana de Valores, el índice S&P/BMV IPC, cayó 1.6% el día del anuncio del plan, cuando se esperaba que subiera.

El descenso fue incluso el mayor de las últimas ocho semanas, aunque también se dio en medio de un amplio descenso de las acciones latinoamericanas.

“El plan nacional de infraestructura es un paso en la dirección correcta, pero es poco probable que sea un catalizador para que México salga de su limbo de inversión”, escribió Nikolaj Lippman, analista con el banco estadounidense Morgan Stanley, en un reporte.

Para que la administración se gane la confianza de los empresarios, requerirá tiempo y esfuerzo, agregó Revilla.

“La mayor parte de la desaceleración de la economía en 2019 puede atribuirse a factores internos y a la cancelación del aeropuerto. El choque de confianza inicial fue lo suficientemente grande como para ahuyentar la inversión por algún tiempo”, concluyó el economista de Citigroup.

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