Jóvenes, los que menos se protegen de contagios por COVID-19

Los adolescentes no se protegen contra el SARS-CoV-2 porque muchos creen que no son vulnerables al contagio.

Los adultos mayores o padres y madres de familia suelen tomar precauciones, a diferencia de los jóvenes que tienen la impresión de ser invulnerables y las cifras les dan la razón pero, y gran pero, se pueden convertir en vectores del virus y contagiar a los adultos de su entorno.

Los adolescentes no se protegen contra el SARS-CoV-2 porque muchos creen que no son vulnerables al contagio.

Algunas jovencitas no usan cubreboca porque, dicen, no es estético. Otros argumentan daños en la piel.

Algunas conductas comunes entre los jóvenes menores 30 años de edad no conectan con la sana distancia. Piensan que hay un riesgo nulo en la calle y en el caso de que necesiten usar cubreboca, como por ejemplo para entrar al Metro, lo portan en el cuello o lo guardan en el bolsillo.

Hasta este martes, entre el total de fallecimientos por COVID en México, menos del 4% corresponde a personas entre 18 y 35 años de edad. Un porcentaje mucho menor al de las muertes entre mayores de 65 años. Ello explicaría que los adultos, sobre todo mayores, tienen más cuidados.

Rosa Maria Reyes, una empleada dice que para cuidarse tapa su celular.

“Lo agarro y me traigo el guante, el gel, la careta, otro trapito para guardar mi careta cuando llego al trabajo, mi gel, todo esto y traigo doble cubre boca, lavo mi bolsa, por eso no traigo bolsa de mano”, comentó Rosa María.

María Teresa Gómez dice que desde que empezó la pandemia se ha esmerado más en la limpieza de su casa.

“Desde arriba vengo lavando y aquí estoy lavando de donde se agarran las vecinas para entrar, tanto por dentro o por fuera”, destacó María Teresa Gómez, ama de casa.

Manuela, mayor de 60 años, asegura que no va al mercado si no lleva cubreboca y careta.

“Es necesario, quiero estar bien y no contagiar a los demás, hay que empezar a cuidarse uno mismo”, dijo Manuela Franco, ama de casa.

Y Rosa María Reyes, que está en medio de ambos grupos, prefiere no tomar riesgos.

“Mis papas son de la tercera edad, mi hijo es jovencito, entonces soy la que salgo a la calle y tengo que mantener limpio todo para que no llegue y los vaya a contagiar!”, señaló Rosa María Reyes, empleada.

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