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EN EL PAÍS DE LA ENTROPÍA

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Miguel Ángel Sosa

Twitter: @Mik3_Sosa

En un atinado juego de palabras, en enero del 2015 el semanario londinese The Economist criticó severamente al entonces presidente Enrique Peña Nieto. En el texto se leía: “no entiende que no entiende”. Hoy a cuatro años de distancia, parece que el “entendimiento” tampoco llegó con el cambio de gobierno.

Comprender qué pasa hoy en México se torna aún más complicado por la enorme polarización que vive la sociedad. Externar una opinión puede bastar para ser blanco de los ataques de quienes piensan de forma distinta. Y es que en el país “nadie entiende que no entiende” hacia dónde vamos.

Digamos que de buena fe quisiéramos confiar en el Presidente López Obrador y en el gobierno que encabeza -dejemos a un lado si en julio pasado votamos o no por él-, ese no es el tema en este momento. Queremos depositar nuestra confianza pero a ciencia cierta hasta los más fieles pelan los ojos con lo que a todas luces pudieran ser algunas ocurrencias.

Per se podemos decir que nadie en su sano juicio estaría en contra de que el gobierno busque elevar el nivel de vida de la gente, sin distinción y con igualdad de circunstacias, lo mismo para la costa, la ciudad o la montaña. Sin embargo, la forma es fondo y de ahí surgen los reclamos.

Porque a muchos les escuece la piel con sólo pensar en el clientelismo que pudiera generarse con la entrega de apoyos directos. A otros, preocupa más la desaceleración económica, los despidos masivos y la incertidumbre generada por los anuncios variopintos que surgen a diario en las conferencias mañaneras.

Exiguo sería buscar justificaciones a cada discurso del presidente y tratar de defender -por un lado- o denostar -por otro- cada acción de la administración federal. Pues eso pinta para ser un juego de nunca acabar y que además en nada suma para el desarrollo de México.

Sumidos en la entropía noticiosa de los pros y los contras, los mexicanos carecen de información valiosa que argumente los cómo y cuándo se verán los resultados. Para nadie es sorpresa que la gran expectativa de cambio que llevó a MORENA y a su eterno líder a la primera silla de la nación, también puede tener un efecto boomerang si se traiciona la confianza del “pueblo sabio”.

Falta precisar que en México habitan más personas que sólo 30 millones de votantes afines, y que los partidos de oposición están condenados a renovarse o atenerse a morir. Porque entre el ruido y el desorden, no cabe duda que algunos ganan, pero la gran mayoría pierde.

Como en un acertijo apenas descifrable se tejen las nuevas dinámicas de la política nacional, con el reacomodo de cuadros y el gatopardismo a todo lo que da. Sentenciados a aprender del pasado y no cometer los mismos errores, queda claro que el carisma no es algo nuevo, como tampoco lo es una caída.