Día Naranja

Parlamento Veracruz.
*Juan Javier Gómez Cazarín.*

Leónidas Trujillo encabezó por más de tres décadas un régimen infernal en la República Dominicana de mediados del siglo XX. Sus atrocidades -recogidas en la novela La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa- impregnaron de miedo, indignación y repudio a la sociedad dominicana de una generación.

En los límites del hartazgo, una gota derramó el vaso de las y los dominicanos: el crimen de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, integrantes de la Agrupación Política 14 de Junio, organización clandestina que se oponía a la dictadura. Ya que cárcel y vejaciones no las habían disuadido de su lucha, sólo quedaba matarlas. Y las mandó a matar el 25 de noviembre de 1960. Hoy hace 59 años. El agravió a las y los dominicanos, que ya habían soportado mucho, precipitó la caída de Trujillo.

En memoria de las Mirabal se conmemora el 25 de noviembre el Día Internacional de la No Violencia Contra las Mujeres, a partir del cual la ONU ha instituido a los días 25 de cada mes como Días Naranja.

El crimen de las Mirabal, tristemente, se ha replicado en incontables ocasiones antes y después de ellas. Como una imagen fractal que se proyecta al infinito, hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, innumerables mujeres han muerto de forma violenta, han sido violadas, golpeadas, torturadas, acosadas, desfiguradas con ácido, mutiladas en sus genitales, obligadas a abortar, esterilizadas sin consentimiento. A sus cuerpos muertos se les ha negado nombre y sepulcro digno. Han sido revictimizadas y culpadas de su propia muerte. A sus agresores se les ha premiado con la impunidad que brinda un sistema cómplice.

Y están los otros tipos de violencia, la menos evidente, la disfrazada: salarios injustos, jornadas extralaborales de trabajo en casa, opiniones silenciadas, falta de acceso a la educación y barreras a participar en la vida política.

Resulta ambicioso decir que en una Legislatura de sólo tres años vamos a revertir esta tendencia milenaria, incrustada en la cultura de la sociedad como la raíz de los amates en la piedra de la Casa de Cortés. Pero tampoco era cosa de quedarnos con los brazos cruzados.

La primera Legislatura en alcanzar la paridad de género, con 25 diputadas mujeres y 25 diputados hombres, ha dado pasos para empezar a equilibrar la balanza:

Fuimos uno de los primeros estados de la República en aprobar la reforma Constitucional para buscar la paridad de género en el ámbito administrativo del servicio público; añadimos la violencia política de género como causal de nulidad de las elecciones locales; añadimos agravantes al delito de violación para que los perpetradores alcancen de 10 a 30 años de cárcel; hemos realizado cursos de capacitación a las y los asesores en materia de Derechos Humanos.

Tenemos muchos pendientes más, que seguramente desahogaremos en las próximas sesiones. El camino es largo, pero la clave es no detenerse.
*Diputado local. Presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado*